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                        PAISAJE Y CUERPO
La noción de paisaje implica poseer una modalidad de mapeo relacional cultura naturaleza que dé cuenta del territorio. Entendiendo que la cultura son todas las configuraciones de sentido y pertenencia que emergen de la comunicación territorial, los sistemas simbólicos, nacidos de la creatividad humana, tienen por función darle sentido al mundo, un conjunto de reglas anónimas e históricas, siempre determinadas en el tiempo y en el espacio, que han definido en una época dada, y para un aire social, económico, geográfico o lingüístico dado, las condiciones de ejercicio de la función enunciativa.


El paisaje biótico o antrópico se devela en una modalidad de configuración territorial, su patrón de organización predica de la relación cultura- naturaleza (da cuenta del paisajear a partir de las pautas proporcionadas por el territorio) y su importancia radica en que al ser una modalidad relacional que da cuenta de una valoración estética, se constituye en pauta territorial (los universos de valoración pertenecen al territorio) y como tal da cuenta de la identidad y constituye entonces un principio de integración.


El paisaje no es ni subjetivo ni objetivo, es trayectivo y esta trayectividad tiene un sentido, es el sentido de la historia de la humanidad que une el planeta a la biosfera y a la ecúmene. El paisaje constituye, así, una herramienta de evaluación de la relación cultura-naturaleza, puesto que da cuenta del grado de territorialidad de las intervenciones.
La transmisión de la experiencia es el objetivo más importante de nuestra época, el paisaje es uno de los lugares de la transmisión. El paisaje es el lugar de lectura de la historia. La traza está inscripta en el paisaje, éste es el lugar de lectura del sentido de la historia, ésta es quien deja la traza. Construir un paisaje es construir (ver) su historia. Construir la sacralidad del lugar es leer esa historia.


Por lo tanto, el paisaje en tanto experiencia, apela al interior, es un mensaje a transmitir mediado por el arte, vehículo de integración entre la conciencia y elinconsciente. La motivación paisajera es la proyección de los valores humanos sobre las cosas del ambiente, son ellos quienes hacen de éste un medio humano. El paisaje está inscripto en los universos de valor de una cultura. La historia anuncia el sentido de la humanidad, siendo paisaje lugar de lectura de la historia, encarar una lectura del pasado no significa que debamos unificar puntos de vista básicamente heterogéneos (F. Guattari, 1994), de lo cual resultará una realidad construida sobre ellos. Vemos lo que podemos ver, lo que estamos preparados para ver. El paisaje nos anuncia la manera en que una cultura vive, entiende y  condiciona su territorio, nos conduce al encuentro de las pautas de organización de una cultura en su relación con la naturaleza, acceder a esas pautas (leer la traza) nos abre el camino a la comprensión de la misma.

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